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La tomaban
nuestros abuelos, esos hombres que bajaron de los barcos
y soportaban con gusto los 40 grados de alcohol de esta
bebida apreciada. Ya hay bodegas que reflotaron la
costumbre de destilar orujos, para elaborar grapas
diferenciales y de calidad.
Incipiente, pero innegable, la producción de grapa de
excelente calidad y alto valor agregado ha comenzado a
ser un negocio que tienta a las bodegas. Unos ya se
lanzaron al mercado como el enólogo y winemaker Walter
Bressia que desde hace cuatro años comercializa su
producto en el mercado: la grapa Dal Cuore.
Según comentarios del mercado, La Rural también está
trabajando en un proyecto para elaborar grapa de uvas
Malbec. Una partida limitada que sólo será destinada a
una lista selecta de clientes “vip”. En la lista de los
que están interesados en sumarse al negocio también
entrarían los Bianchi, dueños de la tradicional bodega
del Sur.
En Mendoza hay además dos elaboradores fuertes, Tapaus y
Sol de los Andes, si hablamos de grapa destilada de
forma artesanal. En tanto, la firma Orando y Massera se
encarga de destilar la grapa a granel.
Javier Torrens, encargado de control de calidad de la
firma, explica que estacionalmente se destilan grapas
para PR Argentina, multinacional adquirida por
franceses, para Porta (unos 20.000 litros al año) y a la
marca Cousenier, amén de otros destiladores del país.
Antiguamente la empresa tenía su propia marca de grapa,
Valle Viejo, la cual se dejó de elaborar hace treinta
años en Mendoza y ahora se hace en San Luis, porque otra
firma compró la marca.
“La grapa se está yendo hacia lo artesanal, hacia lo
pequeño. Nosotros elaboramos 170.000 litros al año de
grapa a granel, pero ahora la gente busca alambiques,
destiladoras pequeñas de cobre que tienen ciertas
características”.
Sin embargo la firma ofrece el servicio al que quiera
elaborar su grapa allí, ya que por ley, desde hace
muchos años, las destilerías de alcohol no pueden estar
instaladas dentro del predio las bodegas. Antiguamente
cada bodega tenía su destilería propia, hoy por una
cuestión de engaños y problemas con los volúmenes y el
alcohol, eso no está permitido.
Amén de estos otra norma de muchos años obliga a las
bodegas a destinar un 4% de los productos obtenidos para
usos no vínicos. Ese 4% que normalmente está formado por
las borras de fermentación que se producen en las
bodegas, y son trasladadas a esas destilerías, pero
también de orujos, con los que obtienen subproductos,
como alcoholes y ácido tartárico.
Revalorizar un clásico
El reconocido enólogo Walter Bressia tuvo hace cuatro
años la idea de hacer su propia grapa, aprovechando la
experiencia de Orandi Y Massera. “A ellos les llevo mis
orujos, defino la calidad de los destilados y en base a
eso hago un blend para mi grapa. Yo fui uno de los
pioneros en esta nueva etapa de la grapa. Porque hay que
recordar que Argentina tuvo un consumo de grapa muy
importante, dado por los inmigrantes italianos,
españoles y eslovenos, habituados al consumo de
aguardientes. Luego los cambios de hábito, las
sobremesas más cortas y las jornadas continuas, el
consumo habitual de grapa se perdió y muchas marcas
desaparecieron", recapituló.
Cuatro años atrás Bressia observó que en el mercado
había una necesidad de destilados, en particular en la
gastronomía. "Pensé este producto para el segmento de
restaurantes en el mercado interno de buen nivel. Y la
verdad es que ha tenido muy buena repercusión porque era
un producto que faltaba después de las comidas, ya que
no necesita tanto tiempo de consumo como el cognac.
Además es un excelente digestivo, que facilita la
secreción de jugos gástricos”.
Con un diseño moderno, y de buen valor agregado (se
comercializa en botellas de medio litro) Bressia no
comercializa más de 2.000 botellas al año. Es un
producto que se puede encontrar sólo en los mejores
restaurantes de Mendoza y Buenos Aires.
“Creo que vamos camino a la reinserción de la grapa.
Aunque la inversión que hay que hacer es importante,
sobre todo en marketing, y no se puede exportar con el
nombre de grapa, porque se lo considera denominación de
origen según lo marca la OIV”.
En la actualidad, debido a esta restricción, si una
bodega quiere elaborar grapa debe inscribirse en el INAL,
llevar sus uvas a un destilador y luego el destilado a
un fraccionador de alcoholes, ya que ambos tienen
números distintos.
De hecho sólo puede llamarse grapa a producidos en
Italia, Suiza y Alemania. Con el producto al exterior se
puede llegar pero bajo el nombre de aguardiente de orujo
de uva. Aniapa, por ejemplo, la comercializa con buenos
resultados en Alemania e Italia. “Estamos enviando entre
10 o 12 pallets de 500 litros al año. Si bien el valor
agregado sigue siendo conveniente, tenemos mayores
costos en vino, tapas y etiquetas, algo que el cliente
extranjero no comprende y por tanto no podemos aumentar
el precio”, explicó su productor Rolando Hilbing.
Fuente: Gabriela Malizia- Área del Vino Editec SRL.
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