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El poder
que posee el marketing para conducir la conducta de
compra de los consumidores es extraordinario. En muchas
ocasiones, nosotros vemos lo que queremos ver. En muchas
otras, saboreamos lo que queremos saborear. ¡Bienvenidos
al mundo del marketing!
Un gran amigo mío me acercó esta historia que quiero
compartir con ustedes. En sus memorias, el militar
Manuel de Olazábal recuerda una anécdota en la que San
Martín defiende el vino argentino y lo compara con
algunas etiquetas españolas. La historia es así:
“En el momento en el que entré, me preguntó: -¿A que no
adivina usted lo que estoy haciendo? Hoy tendré a la
mesa a Mosquera, Arcos y a usted, y durante el postre
pediré estas botellas y verá usted lo que somos los
americanos, que en todo damos preferencia al extranjero.
A estas botellas de vino de Málaga, les he puesto “de
Mendoza”, y a las de aquí, “de Málaga”. Efectivamente,
después de la comida, San Martín pidió las botellas
diciendo: -Vamos a ver si están ustedes conformes
conmigo sobre la supremacía del vino mendocino. Se
sirvió primero el de Málaga con el rótulo “Mendoza”. Los
convidados dijeron que era rico pero que le faltaba
fragancia. Enseguida, se llenaron nuevas copas con el
del letrero “Málaga”, pero que era de Mendoza. Al
momento exclamaron los dos diciendo: -¡Oh!, hay una
inmensa diferencia, esto es exquisito, no hay punto de
comparación… El general soltó la risa y les dijo:
-Caballeros, ustedes de vinos no entienden un diablo, y
se dejan alucinar por rótulos extranjeros, y enseguida
les contó la trampa que había hecho”
El mismo amigo que me hizo llegar este extracto, me
dijo: “Mariano, Jack Trout (una eminencia en el terreno
del marketing) explica el fenómeno diciendo: ‘uno
saborea lo que quiere saborear’”. ¡Y cuán en lo cierto
está!
La realidad es que, dejando la anécdota a un lado, el
marketing siempre trabaja en la creación de esas
“imágenes mentales”. Una marca bien posicionada, por
ejemplo, hace que ante opciones de productos similares,
el consumidor elija aquél que tiene un nombre
reconocido. Ahora… ¿Esto será importante en la industria
del vino? Si usted tardó más de 3 segundos en
convencerse de que efectivamente una marca reconocida es
fundamental, sólo piense en Chandon, López o Norton y
probablemente se dará cuenta del poder único que tiene
una gran marca.
Es este tema el que impulsa las catas a ciegas, es
decir, hacer a un lado prejuicios de bodegas, añadas o
zonas geográficas y limitarse exclusivamente a lo que
nuestros sentidos ven, saborean, palpan y sienten.
Se sabe, precisamente, que para las bodegas más pequeñas
con pocos recursos financieros, el presupuesto en
promoción es fundamental. Dar de degustar los vinos y
participar en ferias es la mejor forma de buscar al
consumidor y establecer un contacto directo con él. ¿El
resultado? Asegurar una experiencia inolvidable que
certifique ventas en el futuro. O, en otras palabras,
hacer que el consumidor quiera saborear otra cosa.
Una última anécdota: meses atrás mi hermano estuvo de
viaje por Mendoza. De visita por una bodega, quedó
maravillado por el Torrontés que traían desde Cafayate,
por lo que decidió comprar un par de botellas. Llegó a
Buenos Aires, abrió una de ellas y se decepcionó… el
vino aquél que había degustado en la bodega no era el
mismo que ahora estaba probando. ¡Pero sí, de hecho, lo
era! Claro que la experiencia de aquella copa al pie de
la Cordillera de los Andes no tenía punto de comparación
con esta copa entre las cuatro paredes de un
departamento de Capital Federal. Nuevamente aquí, mi
hermano había saboreado lo que había querido saborear.
Eso es tan sólo una muestra del poder que hoy en día
tiene el marketing. Cuando los productos son muy
similares, el marketing tiene esa capacidad única de
dirigir la demanda y hacer que el consumidor vea lo que
quiere ver. O, por qué no, saborear lo que quiere
saborear.
Fuente: Mariano Braga. Área del Vino, Editec SRL
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