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La unión hace la fuerza (06/09/2007) - Autor: Mariano
Braga
Para muchas bodegas pequeñas (y no tanto), la necesidad
de unirse para crear alianzas más competitivas resulta
primordial. El fenómeno no es aislado o limitado a la
Argentina; mundialmente, esta situación se repite
indefinidamente. ¿La clave? Reunirse para ser enfrentar
con más armas el difícil mercado del vino.
"La unión hace la fuerza" establece un conocido refrán
popular que hoy parece aplicarse a muchas industrias. La
vitivinicultura es un claro ejemplo en donde los
pequeños agentes de este mercado tan atomizado reconocen
la necesidad de fortalecerse a través del
cooperativismo.
Esta estrategia comercial tiene claras ventajas como la
diversificación de la demanda, la mayor posibilidad de
acceso a nuevos mercados y los costos compartidos en el
gerenciamiento de cualquier actividad, entre muchos
otros.
Desde hace más de 50 años, en la provincia de La Rioja,
Cooperativa La Riojana cuenta con alrededor de 500
pequeños productores asociados dedicados a la producción
de vino (y sus derivados) y olivas. Los beneficios
impulsados por esta explotación se distribuyen
equitativamente entre sus miembros, dándoles la
oportunidad de reducir los costos de producción, mejorar
el perfil de la oferta y posicionarse más sólidamente en
el mercado.
Contrario a lo que podría pensarse, el cooperativismo no
es una opción relegada únicamente a pequeños
productores. La empresa de espumantes Chandon es la
(indiscutida) líder del segmento en nuestro país; aún
así, desde 1998 pertenece al grupo mundial de marcas de
lujo LVMH (Louis Vuitton – Moët Hennessy). El objetivo
de este grupo es buscar en la alianza estratégica marcas
que congreguen el concepto de prestigio y
reconocimiento, independientemente del producto del que
se trate. El beneficio principal, entonces, es potenciar
esa idea de exclusividad a partir de formularle al
consumidor una propuesta de valor definida y,
fundamentalmente, valorada.
Los ejemplos de cooperativismo tampoco proponen
fronteras, sino que, por el contrario, la necesidad de
unión se entiende como un concepto netamente global.
Johan van Rooyen, jefe ejecutivo de la institución
representante de la industria vitivinícola sudafricana
SAWB, expuso el miércoles pasado en el Foro
Internacional Vitivinícola 2007 la situación de su país;
tanto como en la Argentina, el mercado del vino
sudafricano está muy atomizado. Esta situación ha
planteado al cooperativismo como un factor clave a tener
en cuenta para competir en el mercado; como parte de su
proyecto para dar a conocer la experiencia del vino
sudafricano, las autoridades han planteado como eje
rector el aprovechamiento de la exposición de su país en
el Mundial de fútbol durante el 2010.
Así como lo hizo Sudáfrica, Australia y España,
Argentina también ha planteado el Plan Estratégico
Argentina Vitivinícola 2020. Su misión es posicionar a
nuestro país como un proveedor altamente competitivo,
donde sus vinos respondan a las necesidades de los
consumidores y sean valorados e identificados por su
calidad altamente consistente, su diversidad, su estilo
original y su naturalidad. ¿Ambicioso? Estoy seguro de
que sí. Es más: uno de sus objetivos es que en 2020
Argentina represente el 10% del volumen de las
exportaciones mundiales. De acuerdo al INV, en 2004 este
valor era del 2,02%... del 2% al 10% hay un trecho tan
inmenso que solamente con trabajo duro (durísimo) será
posible llegar.
En conclusión, todo este tipo de acuerdos realizados
entre productores complementarios, participantes de una
misma cadena de valor e inclusive entre competidores
buscan el incremento de la competitividad por un aumento
de la productividad de cada uno de sus integrantes.
Empresas chicas, medianas e inclusive las gigantes aquí
en Argentina y en todo el mundo han entendido que, en un
mercado difícil y cada vez más competitivo, en la unión
está la fuerza necesaria para hacerse un lugar.
Mariano Braga
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