|
El negocio
del vino (más allá del vino) (15/11/2007) -
Autor:
Mariano Braga
Además de la venta de vino propiamente dicha, las
bodegas reciben muchos ingresos gracias a actividades
paralelas que, en ocasiones, distan mucho del vínculo
directo con la botella. Algunas ideas resultan bastante
extrañas, pero todas son opciones válidas al momento de
hacer del mundo del vino un negocio redondo.
Si usted alguna vez soñó con disfrutar de un baño dentro
de un jacuzzi con vino Torrontés en vez de agua, u oler
velas con aroma a Chardonnay o, ¿por qué no?, cenar unos
fideos al Malbec, ¡Éste es su momento!
Hoy, el mercado del vino plantea una enorme cantidad de
negocios relacionados (o no tanto) con la producción de
botellas, corchos y etiquetas. Algunas ideas suenan
extrañas (la del jacuzzi de Torrontés es una de ellas) y
otras no tanto, pero absolutamente todas son efectivas
al momento de crear valor agregado a una industria en la
que parecía que estaba todo hecho.
Para las bodegas, el enoturismo es una industria
complementaria a la del producto que genera
diferenciación y ese “plus” por el que muchos
consumidores incrementan su fidelidad hacia la marca; en
California, por ejemplo, el enoturismo es la segunda
atracción más importante después de Disneyworld. Y, les
aseguro, ellos no han desarrollado aún todo el potencial
de la actividad.
En Argentina el turismo en bodegas no sólo es importante
sino que, para algunos pequeños emprendimientos, es una
posibilidad única de generar un contacto directo con los
consumidores y dar a conocer sus productos. Todavía más,
en comparación con California el enoturismo en Argentina
tiene políticas orientadas al consumidor mucho más
sólidas.
Claro está que, en este sentido, Estados Unidos se
destaca por su inteligencia para transformar un desierto
en Las Vegas; y los negocios paralelos al vino no han
escapado de esto… El 99% de las bodegas en los Valles de
Napa y Sonoma cuentan con un gift shop (muchas veces más
grande que su propia sala de barricas) en la que los
visitantes pueden comprar quitamanchas de vino, velas
aromáticas de Chardonnay, cristalería, productos de
delicatesen e, inclusive, libros, CD’s y DVD’s.
Mucho más cerca, WineEat (www.wine-eat.com.ar) es una
empresa argentina que incorpora al vino dentro de sus
alimentos gourmet. Su línea de productos incluye fideos
secos al Malbec, tomates al Syrah en aceite de oliva, y
mostazas suaves y picantes al Chardonnay. Es, como ellos
dicen, la posibilidad de adaptar el placer del beber al
placer de comer; y es, además, una “vuelta de tuerca”
dentro de una industria en la que todo es (casi) igual.
Cuando tengo la posibilidad de entrevistar a enólogos o
líderes de bodegas hay una pregunta recurrente que me
gusta hacerles: En un mercado en el que todos los vinos
comparten un estilo muy similar ¿Por qué cree que el
consumidor los elige a ustedes? Y la respuesta,
trágicamente, es siempre la misma: Nosotros ofrecemos
calidad consistente.
Yo me pregunto: Si todos ofrecemos calidad consistente,
¿dónde está la diferencia por la que me van a elegir a
mí y no al de al lado? Tal vez deberíamos aprender de
todos estos negocios paralelos, para darnos cuenta de
que necesitamos innovar… Tener la capacidad de ver el
mercado desde distintas perspectivas para crear
productos que, de verdad, salgan de lo común.
Lo cierto es que el negocio del vino (más allá del vino)
parece no tener límites. Más aún cuando las empresas van
en su búsqueda.
Mariano Braga
|