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En lo que respecta al potasio, la naturaleza mineral de
la fracción arena, rica en feldespatos y minerales
micáceos, provee a estos suelos de abundante proporción
de este nutrimento, por lo que las eventuales respuestas
a la fertilización potásica sólo se dan en combinación
con nitrógeno y fósforo y en condiciones de cultivos
exigentes con alto nivel potencial de rendimiento.
Mientras que no se han comprobado problemas de falta de
calcio, sí se han detectado síntomas de deficiencia de
Magnesio en frutales de áreas del Valle de Uco.
En cuanto a los micronutrimentos, esenciales pero
presentes en muy pequeñas proporciones en los tejidos
vegetales, las características físico - químicas de
estos suelos, de reacción alcalina, hacen probables
ciertas deficiencias entre las que se han observado
casos atribuidos a falta de hierro, manganeso y zinc.
Por otra parte, se han podido comprobar en zonas de
suelos muy alcalinizados manifestaciones de intoxicación
de boro en vid y frutales.
Riego y la fertilidad de los suelos
El riego y su manejo constituye un factor fundamental
para determinar la cantidad de elementos disponibles al
momento de iniciar un ciclo de cultivo. Si el suelo está
muy seco, disminuye drásticamente el movimiento del
agua, que lleva disueltos los nutrimentos minerales
hacia la raíz. Pero si se aplica un riego primaveral
excesivo se corre el peligro de “lavar” o arrastrar en
profundidad, y poner así fuera del alcance de las
raíces, esos elementos vitales.
Los sedimentos de las aguas de regadío contribuyen a
mantener la fertilidad natural y son las plantas de las
cabeceras de las hileras, donde tales materiales se
depositan, las más beneficiadas por aquel abono natural.
Además de las condiciones ambientales, también el hombre
puede constituirse en un factor importante en la
formación de un suelo. En Mendoza, hay muchos ejemplos
de su decisiva acción a veces en un sentido favorable y
en otras la intervención fue detrimental. Rescatamos dos
ejemplos:
En los aledaños de la ciudad de Mendoza, una gran
superficie dentro de los Distritos de Fray Luis Beltrán.
El Paraíso, Barcala, Santa Blanca, Bombal, Rodeo del
Medio, Rodeo de la Cruz, Corralitos, Kilómetro 8,
Colonia Segovia, La Primavera, Bermejo, Lagunita y el
Sauce constituía una enorme ciénaga de la cual
sobresalían partes altas no cenagosas. Esta ciénaga
estaba alimentada principalmente por las aguas del Río
Mendoza, que ingresaban a ella por dos vías, una directa
del desborde del río en Fray Luis Beltrán y otra a
través del Zanjón Guaymallén, que volcaba en el Frías,
el que a su vez desembocaba un poco más allá de Villa
Nueva. En 1749 el Zanjón dejó de aportar sus aguas a la
ciénaga, ya que formó un nuevo cauce hacia el norte a
partir de la unión con el Frías, provocado por un
aluvión. Ayudó también a que llegara menos agua a la
zona, el mayor uso que de ella se hacía en los cultivos
que se implantaban con creciente ritmo. Comenzó entonces
una labor intensa de los pobladores de la zona para
secar dicha ciénaga. Esta labor duró todo el siglo 19 y
un cuarto del 20. Construyeron desagües, sangrías,
defensas y transformaron esa zona en un área de suelos
orgánicos que constituyen una intrazonalidad para Cuyo y
que son muy cotizados por su cercanía a la ciudad de
Mendoza y sus buenas características para cultivos
hortícolas.
Otro ejemplo de la influencia del hombre a través del
drenaje sobre las características del suelo es el
ocurrido en la mayor parte de la zona cultivada de
General Alvear. Estudios realizados, previos a la
colonización, demostraron la necesidad de la ejecución
de colectores de drenaje y drenes parcelarios. Con la
realización por parte de la empresa colonizadora de los
colectores, la zona empezó a ser saneada y cultivada. Es
decir, el hombre rompió el equilibrio existente y
transformó esas tierras en aptas para el cultivo. Con el
correr de los años, los drenes fueron abandonados, no se
realizó la limpieza periódica que se necesitaba y el
suelo tendió a volver a su equilibrio natural: freática
alta y salinidad. Así en 1953 -1954 comenzaron a
observarse en los viñedos procesos de desecamientos
causados por intoxicaciones con cloruros absorbidos
desde la freática.
Es conveniente tener en cuenta que las sales aportadas
por el agua incrementan la salinidad de la primera capa
acuífera y, cuando los caños de perforación pierden su
hermeticidad por fisuras debidas a causas varias, o
cuando no es perfecto el sellado entre el caño y el
suelo, podría salinizarse el acuífero en explotación.
Este origen antropomórfico de la salinidad de un suelo,
es evitable a través de controles periódicos y las
acciones pertinentes.
Por: Ing. M. Sc. Rosana Vallone / Especialista en Suelos
y Riego EEA Mendoza INTA
Fuente: Esta nota fue publicada por el Suplemento
Fincas, de Diario Los Andes.
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