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Cómo hacer exitosa una bodega chica

Morichetti piensa que la situación de las bodegas pequeñas no es ni buena ni mala. El tema es la comercialización. “Creo que la base para los pequeños son los nichos de mercado donde uno llega a través de revendedores, o de gente relacionada, no de distribuidores que piden contratos de exclusividad a cinco años”.

Los productores han escuchado de sobra que una bodega, para decir “existo” tiene que esperar al menos diez años. “Estamos viendo que muchos desaparecen, y que las grandes son cada vez más grandes. Este es un negocio sustentable en una escala muy pequeña. Se necesita una inversión grande para competir”, evaluó Morichetti.-

Por el camino del éxito

Para Guillermo Altieri, propietario de bodega Vinorum (40.000 botellas al año) el éxito de una empresa pequeña se basa en la calidad de sus vinos, el segmento del mercado al cual quiere entrar y el precio. Admite que la posibilidad de tener espalda financiera, que en su caso es la fábrica de cápsulas que lleva el mismo nombre, ha sido de gran utilidad durante los primeros años de la bodega que nació en 1998. Y aunque la bodega hoy da utilidad, muchos proyectos chicos fracasan, justamente, por falta de capital y desconocimiento del negocio. Para hacer crecer la bodega y la marca se necesitan años”.

Vinorum salió a concursos, estuvo presente con su vino en eventos internacionales, y de esta manera la bodega contactó a distribuidores importantes.

“La calidad y el estilo del vino es lo que gusta y queda. Esa imagen, ese sabor que uno incorpora es lo que los extranjeros buscan”, opinó Altieri quien apunta que si bien tienen un contrato con un distribuidor nacional e invierten en publicidad “el impacto lo tenemos con el que prueba el vino de forma directa”.

Fuegos de artificio

Un emprendimiento exitoso es el de los hermanos Antonio y Manuel Mas, de Finca la Anita (100.000 botellas al año), que exportan prácticamente toda su producción, o están en exclusivos restaurantes y vinotecas.

El comercializador de la marca, Manuel Mas, vive en Buenos Aires y era conocido, aún mucho antes de hacer vino.
Mas opinó que las bodegas chicas “parecen fuegos de artificio. Conozco abogados o señoras que heredan una finca que quieren tener una bodega por una cuestión de moda, contratan un enólogo y hacen un vino que la mayoría de las veces no tiene calidad. Tener una bodeguita no es como soplar y hacer botellas”.

Evaluó que la desaparición de muchas pyme es, en primer lugar, la falta de calidad y también derespaldo financiero. Por no esperar ponen vinos crudos en el mercado, porque quieren recuperar la plata al año siguiente. Tienen apuros económicos que les complican la situación”.

Mas admite que sus relaciones con los empresarios top de Buenos Aires aportó su cuota a la venta de los vinos que hace su hermano Antonio, que es enólogo, en Luján. “Las relaciones ayudan mucho. Igual que la distribución. Tengo una distribuidora propia en Buenos Aires”, dijo.

Stock y valor agregado

Philippe Subra es francés y dueño de Carinae, que elabora 60.000 botellas al año. Señala que para tener éxito un emprendimiento chico como el suyo necesita generar valor agregado a través del precio y la calidad. “Los chicos estamos condenados a hacer buen vino”, por eso contrató al equipo de enólogos de Michel Rolland para que lo asesore. Carinae tiene el mismo problema que otras bodegas chicas para ingresar al mercado interno. Para Subra hay una cosa fundamental; “hay que lograr confiabilidad, entrega de vinos con calidad en tiempo y forma. Es necesario generar un stock”.

Otro exitoso, el enólogo Walter Bressia de bodega Grappolo S.A, señala que el negocio tiene “mucho futuro”.

Bressia ha sido mentor de muchas grandes bodegas de Mendoza Su nombre es sinónimo de buen vino. Y él lo admite.
“Estoy en la actividad hace 30 años, por tanto mi nombre tiene fuerza de marca. Además este buen momento del vino argentino ha permitido posicionar precios de vinos de alta gama a nivel internacional. Cuando Argentina no existía ante los ojos del mundo; era impensado hablar de una botella de vino argentina que costara U$S 15 valor FOB o US$ 40 valor FOB que yo le pongo a algunos de mis vinos”.

Bressia sostiene que para llegar alto hay que conjugar una serie de factores. Pero que el primero es “respetar el producto y la añada”. Esto se puede hacer sólo con financiamiento y mucha pasión. “La falta de estas dos cosas es lo que lleva muchas veces al fracaso. Hace una semana atrás presenté un espumante en Buenos Aires de $160 al público. Pensaba sacarlo el año pasado, pero me di cuenta que había que esperarlo y lo aguanté. No muchos hacen eso, justamente por problemas financieros”, graficó.

Para Ricardo Santos, otro ícono del mercado vitivinícola,señala que para tener una bodega chica no sólo hay que hacer un excelente vino, sino además, tener mucha paciencia. “Es una virtud a mantener durante todo el proceso. La aceptaciòn de un producto tiene ritmos”, enfatizó.

Autor: Gabriela Malizia

 
Mendoza
Martes, 18 de Noviembre de 2008
Cabañas Andinas
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