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(29/11/2007) - Autor: Gabriela Malizia
Argentina está en una posición geográfica privilegiada,
dicen los estudios internacionales: Con ambos océanos a
los costados, nuestro territorio amortiguará el
calentamiento global. Expertos ponen el énfasis en el
manejo de los viñedos, y no tanto en la potencia del sol
Mientras Europa habla de la necesidad de investigar con
nuevos clones de vid para hacer frente al cambio
climático, los especialistas locales le bajan el tono
“catástrofe” a lo que sucederá con la vitivinicultura en
Sudamérica.
El viticultor e ingeniero agrónomo, Pedro Marchevsky
(Dominios del Plata), quien participó meses atrás de la
Conferencia Técnica que se realizó en Australia y cuyo
principal tema fue el cambio climático, aseveró que en
Argentina “aún no se nota fuertemente la presión del
clima. Sí se nota la disminución de precipitación en
cordillera y el aumento de agua en el valle, pero esto
no influye directamente en la necesidad de buscar nuevos
clones. Sí en modificar el manejo de viñedos, en función
de evitar problemas orgánicos”.
En esta parte del Globo el cambio climático se ha notado
en la presencia de eventos extremos, como las nevadas de
este año y el frío más intenso en el valle, así como
lluvias extemporáneas, mucho más intensas de las que
estamos acostumbrados.
La pregunta de qué es lo que los ingenieros agrónomos e
investigadores del INTA están observando ya en relación
a cambio climático y vides, está ligada a las
afirmaciones del investigador francés Michel Moutounet
que participó de las III Jornadas Técnicas de
Viticultura organizadas por la Universidad Politécnica
de Valencia, España. Allí Moutounet afirmó que el cambio
climático “está incrementando sensiblemente el contenido
en azúcares de los vinos, disparando su graduación
alcohólica, por lo que el aumento de temperaturas
obligará al sector vitivinícola a investigar nuevos
clones de variedades que no produzcan tanto alcohol”.
Carlos Cattanea, investigador de la Estación
Experimental de Luján de INTA enfatizó que si bien se
están realizando experiencias con otros clones, para
hacer frente a una eventual necesidad, los viñedos están
a salvo por ahora. “Sabemos que las tormentas son más
fuertes, pero mirando las temperaturas el calentamiento
aún no está patente”.
Estudios internacionales indican que nuestra zona será
menos afectada por el cambio del clima que otras del
mundo, por la presencia a ambos lados de la franja
terrestre. El Pacífico significará una disminución de la
precipitación nívea, y el Atlántico un aumento de la
precipitación pluvial.
Cambios en el manejo de los viñedos
Si bien por el momento el calor no afecta directamente a
la viña, la radiación sigue siendo un problema. Esta
exige precauciones, como no hacer demasiada remoción de
hojas en el lado del poniente, para evitar que se quemen
por el sol, y no tener plantas demasiado estresadas. “La
planta tiene que estar más protegida. Antes los asesores
recomendaban hacer remoción de hojas en los racimos, y
esto hacia el Oeste no se puede hacer. El manejo de
riego debe ser muy cuidadoso de manera de tener la
planta en condiciones hídricas sin llegar a un estrés
extremo. Esto es claro para los mendocinos, pero no para
los extranjeros”, señaló Marchevsky.
El tema de graduación alcohólica es algo que aquí se da,
pero no por cambio climático, sino por una cuestión de
decisión de cosecha y manejo del riego. “En España es
otro tema, esa zona se está poniendo muy caliente
realmente. En Argentina esto no sucede. Y si bien
debemos ir abriendo el paraguas, hoy tenemos ventajas
comparativas que nos permiten ser muy competitivos en el
mercado externo”.
Silvia Avagnina, investigadora del INTA, coincidió con
Marchevsky en que los efectos del cambio del clima “se
verán en esta parte del mundo en plazos muy largos,
medio siglo para adelante al menos”.
Por las variedades estudiadas en distintas regiones de
la Argentina, y la incorporación de nuevas regiones como
Buenos Aires, Sierra de la Ventana y Córdoba, el INTA ha
observado que las variedades se comportan bien en
distintas latitudes y climas. Avagnina sostiene que todo
depende del manejo del viñedo. “Mendoza tiene un clima
cálido y agresivo, y por la moda del raleo el año pasado
se quemaron muchos viñedos. Este raleo de racimos no
tiene sentido. En los ensayos vitícolas y enológicos que
hemos realizado en el INTA comprobamos que los vinos que
surgen de racimos con raleo, tienen una variación ínfima
de calidad con respecto a racimos que no fueron
raleados”.
“Estamos preparados para el calentamiento global”
El ingeniero Carlos Cattanea, de la estación
experimental del INTA de Luján, adelantó que las
jornadas de la Sitevi que se realizarán en Mendoza el
año próximo se dedicarán a regiones vitivinícolas en
regiones más cálidas, pensando que lo que se pre-anuncia
en estos tiempos como inviernos más fríos y veranos más
secos, puede terminar en calentamiento de la zona Sur.
“En el INTA estamos trabajando en variedades que se
adaptarán mejor a zonas cálidas, como aglianico,
anchelota, nero dábola- Estas están adaptadas a la zona
sur de Italia, son uvas de buena calidad que dan mucho
color y están bien adaptadas al calor. El syrah, por
fortuna, se adapta a todo tipo de zona, igual que la
bondarda. Posiblemente haya que cambiar un poco el
sistema de conducción y riego, pero es una variedad que
se da muy bien”, dice Cattanea.
¿Qué pasará con los blancos y las uvas de espumantes con
el cambio climático? “Aquí todavía no se sabe. Estamos
experimentando con el verdicchio que puede adaptarse a
Mendoza aún con su tipo de suelo. Una variedad que da
muchísimo color y se adaptaría muy bien a Mendoza es la
croatina, del Norte de Italia, en caso que fuese
necesario modificar variedades”.
“Se habla que habrá mayores contrastes, más lluvias y
luego sequía, fríos y calores extremos, y pese a que no
sabemos cuándo sucederá esto en Mendoza - de hecho
estamos acostumbrados a muchos de estos extremos -
pienso que estamos preparados para recibir este cambio.
De hecho creo que nosotros estamos mejor preparados que
los europeos que han cultivado de la misma manera
durante años”, evaluó.
Gabriela Malizia
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